Seguidores :D

sábado, 11 de diciembre de 2010

azulcenicienta.

Fue cuando la aguja más larga del reloj dio la primer vuelta que la mujer de vestido azul levantó la pierna izquierda dejando entrever un sutil y profundo lunar. No llegó a dar una segunda vuelta cuando el hombre que empañaba su mirada en un sucio sombrero, acarició el vació existencial que se hallaba dentro de ella con la promesa de dejar entre sus cuerpos un poco de su arte. El lápiz labial rojo se consumió en la tercer vuelta, y entonces la aguja dejó de existir para ser los besos el único mentor de las horas. Se atrevió a desabrochar el primer botón con la excusa de dejarse llevar por el corazón, y haciendo una destrucción de la razón, plasmó su figura en el colchón. Ella llevó sus manos hacia lo más bajo de sí, y él, anocheciendo su cintura, dejó caer los besos indelebles en la alfombra. Acabó con ser un tercio de besos por la ridícula idea de mezclar las almas, pues entonces no podía contarse como tiempo, porque un viaje que se mide deja de serlo. Tomó su cadera como el volcán de lo extraordinario, haciéndole vueltas constantes sobre su eje central, y envolviendo su cabello en la locura del amor, esparció cada fragmento que sepultaba la existencia. Ella en un gemido milagroso pareció brindarle todo su espíritu, y la cama con el ruido deteriorado de ser debajo, les aseguró la vida eterna. Fue entonces cuando los cuerpos no soportaron más amor, y cayendo lentamente en el universo de la lírica, se vistieron del disfraz más rápido de muerte, sabiendo aún que luego de eso, ya nada podía ser mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario